Una (2016) [CENSURA D/R]

Una (2016)

Director: Benedict Andrews.

Guión: David Harrower (basada en la obra de teatro “Blackbird”).

Elenco: Rooney Mara (Una) Ruby Stokes (Una joven), Ben Mendelsohn (Ray), Riz Ahmed (Scott ), otros.

 

Drama que se exhibió en el 2016 y hasta este año es que se ha proyectado en algunas latitudes. Una temática irritante, imperdible y actual que funciona para el debate, y bien pudo llamarse “Ubre”. Marcó el debut cinematográfico del australiano Benedict Andrews dirigiendo el guión del dramaturgo escoses David Harrower adaptando su propia obra teatral ‘Blackbird’ (2005).

¡Acción! [spoiler]

Inglaterra. Este drama psicológico es la historia de ‘Una’ (Rooney Mara) quien quince años después del encuentro sexual con su vecino de aquel entonces, ve una foto que la conectó con él, y sin pensarlo mucho lo buscó para enfrentarlo en su lugar de trabajo.

“Ray… ¿Adónde fuiste?

¿Por qué me dejaste?”

El reencuentro provocó asombro contenido de Ray (Ben Mendelsohn) quien cambió de vida, ahora es llamado “Peter Travelian” y conserva el mismo look de aquella época que flirteaba con la menor de edad, Una. La mujer lo encaró esperando respuestas, en un día de trabajo difícil donde Peter debía dar una lista con seis nombres de los empleados para ser despedidos, y todavía aturdido por la primera charla con Una, salió huyendo del sitio para esconderse de sus compañeros de trabajo (una secuencia poco convincente). Tanto Scott (Riz Ahmed) empleado y amigo de Peter como el jefe de ambos, comienzan a buscarlo, mientras, Una y Ray en medio de la discusión, reproches, dudas y respuestas, se mueven varias veces dentro de la fábrica. Scott preocupado por su empleo, insiste tratando de ubicar dónde está su jefe, al encontrarlo le reclamó si él será uno de los despedidos, lo cual Peter negó y aprovechó para pedirle que saque a Una del lugar. El muchacho seducido por la audaz mujer, intiman y ella aprovechó para que la lleve a la fiesta en casa de Ray. Ya en el sitio… ¿habrá redención? The end.

“No sé nada de ti, excepto
que abusaste de mí.”

Trasladar cualquier texto doloroso y hacerlo cinematográfico es un reto logrado por muchos, entre tantos, una de ellas es Emma Donoghue adaptando su propia novela ‘Room‘ (2016) abordando el secuestro, el abuso sexual y las consecuencias del trauma vivido por la protagonista. En este caso, el desafío del dramaturgo David Harrower consistía en adecuar al cine su pieza teatral intimista y polémica, una obra que sin todavía leer, imaginas el careo de los dos personajes, invirtiendo los roles de “víctima y victimario” charlando y discutiendo en el reducido espacio de la puesta en escena, preguntándose y reprochándose, transpirando miedo y resentimiento, manteniendo la expectativa y el suspenso. Y concluyes en lo poderosa que ha de ser ‘Blackbird’ como obra de teatro y lo complicado de llevar esa tensión (emocional y sexual) y la distensión, a la pantalla grande.

Si le sumamos que hablar del despertar sexual femenino desde temprana edad es tan real como el tabú existente (no así el excitar sexual de los chicos), y tratar escuetamente la curiosidad de una inocente en ese despertar sexual confundido con enamoramiento, posible, genera otra serie de hipócritas controversias. Mas, la negación de un enfermo que se trata de convencer a sí mismo que no es un pedófilo, mientras la abusada está consciente que a esa edad no podía ofrecer otra cosa que su cuerpo, es impactante y revelador. Tan incómodo como reflexivo señalar la óptica de la repercusión del abuso sexual para cada uno de ellos, y llevar a los dos involucrados a verse la cara luego de años transcurridos, siendo el reencuentro aún más intrigante en el contexto amplio y desolador de una fábrica y sus recónditos espacios. Y con todo lo expresado, ni el despertar sexual, ni la negación, ni el enamoramiento incluso de ambos, justifica ceder ante un acoso provenga de quien provenga, y mucho menos tener sexo con una menor de edad.

“Me avergüenzo de esa estúpida
niña y su estúpido enamoramiento.”

Una gran idea que quedó a medias. Para él (Ray) se trató de un acto consensuado, para ella (Una) era su historia de amor, para la ley y la sociedad es delito. Y en esa dinámica, el director se movió por distintos espacios (compañía: comedor, oficina, pasillos, galpón, baño) y usó el recurso de los flashbacks para exponer de forma moderada a la joven cuando se relacionó con Ray, sin llegar a la chocante evidencia de lo sucedido, y cuidando a la novata actriz. El peso actoral del personaje recayó sobre Rooney Mara siendo una de las pocas veces que ha encabezado los créditos de una película, lo que implicó un compromiso absoluto de su parte por demostrar su superación.

Hizo en falta mayor notoriedad en la caracterización de Ray en los cambios temporales (pasan quince años y el señor sigue igualito), y cuando están juntos, mediante pasa el tiempo de reproches y explicaciones, los dos necesitaban verse desmejorados en el vestuario, despeinados, sudorosos, algo más, por lo que la transfiguración requerida para los personajes estuvo tibia. Mejor las charlas crudas y necesarias en esa oscuridad dramática. Aparte, los secundarios por instantes entorpecieron la tensión del duelo entre los protagonistas (esa debió ser la intención) sin causar emoción la subtrama, y resultó muy escueta la postura ante la responsabilidad de los padres quienes siempre, les guste o no, llevan el peso de la educación y protección de sus hijos.

Encima, y es positivo, como no hay posturas aleccionadoras y cada quien saca sus propias conclusiones en un final abierto e impreciso, hay un elemento sorpresa (tan ambiguo que puede pasar desapercibido) que hará reafirmar la convicción del espectador que desde el inicio no se dejó persuadir (o los involucrados no tuvieron éxito para convencer) del amor entre un menor de edad y un adulto, así sea un hecho que ocurra con mayor frecuencia de lo que se expone en los medios y en la justicia, éste drama o cualquiera mejor hecho, no hará ponerse en los zapatos de un sádico aunque haya casos de ficción que conmuevan (Little Children), y así varíe la permisividad romántica que cada uno pueda tener de las relaciones, jamás hay que claudicar en los principios.


ACTORES (año 2015 cuando se inició la filmación)


Rooney Mara (30 años). De las películas vistas de la actriz, con quienes protagoniza son actores entre diez a veinte años mayores que ella, pero esta sería la cuarta vez que que se juega con las diferencias de edades entre los personajes (‘Tanner Hall’, ‘The Girl with the Dragon Tattoo’, ‘Carol‘, ‘Una’) y adicionalmente, es abandonada.
Mara tiene la ventaja física que le servirá a favor por mucho tiempo, y va ambicionando otras premisas para seguir avanzando en sus ganas de crecer como actriz. Los desnudos y escenas sexuales ya los ha hecho, de distintas formas con hombres y mujeres, y se va perfeccionando. Mención aparte la exposición de ‘ubres’ como si las estuviera estrenando (en una escena casi cacheteando el rostro del tímido Ahmed), además de complacer a sus fanáticos, aclarará la duda de un periodista que en el pasado le preguntó si conservaba algunos de los piercings usados en el ‘The Girl with the Dragon Tattoo’.
La neoyorquina, que esta vez no protagonizó con Casey Affleck (a él quizás el personaje de acosador le habría salido más exacto), para esta propuesta se complicó incluyendo otro acento y logró darle un toque distinto a Una, y del elenco, por razones obvias pasó por varios estados emocionales, acentuando en escenas su minimalismo facial y en otras desarrollando cierta expresividad.

 

Ruby Stokes (?). La joven talento es bastante nueva y sorprende su participación como la pre adolescente Una (13 años), el director la mostró en los recuerdos, flashbacks que sirvieron para reforzar lo sucedido evadiendo el morbo, salvándola de escenas engorrosas que no eran necesario exponer, el público supone lo que pasó.

 

Ben Mendelsohn (46 años). Del actor que tiene una extensa carrera, no tengo manida sus otras interpretaciones así como la de Mara que la he visto en todas sus películas. Del elenco es quien participó en dos etapas del personaje, y en escenarios distintos (pasado, compañía y fiesta), y estuvo correcto, acertando muy bien en las difíciles escenas del recuerdo, y pudo aprovechar más su personaje en el presente.

Ya que Ray cambió su identidad llamándose “Peter”, le faltó hacer el cambio físico (barba, bigotes, lentes, largo del cabello), y si logró un buen puesto en el trabajo su vestuario debió ser otro (usar corbata) para distinguirse del resto, ese le habría permitido al actor hacer notar la transformación del personaje mediante iba pasando la confrontación con su compañera, por ejemplo: desamarrando la corbata, ese recurso insignificante en la práctica aportaba nuevas reacciones. De ser una apreciación errada, igual se sintió limitado y pudo ser magistral (el personaje era un oscuro lujo).

 


PERSONAJES


Una (Rooney Mara) es solitaria vive con su madre y duerme en su cuarto de siempre. En la pre adolescencia experimentó la fantasía amorosa con el vecino y amigo de su padre, más de 20 años mayor que ella. Su padre no pudo soportar lo sucedido, y poco tiempo después murió. Tiene un trabajo sin importancia, no tiene pareja fija, es promiscua, relaciones clandestinas y fugases (y de quererlo el guionista, el personaje habría podido ser bisexual porque su conducta la lleva a cualquier lado, sin rumbo). La chica a falta de contención familiar y psicológica, se mantiene anclada en el pasado, por aquella experiencia amorosa que duró tres meses y le hizo huir con Ray para consumar su fallido primer amor, cuando tenía trece años de edad (Ruby Stokes).

“Lo único que no
perdí fue mi nombre.
Tuve que quedarme con mi nombre.”

Una, está estancada en ese momento cuando el “adulto” tuvo sexo con ella y luego, ese mismo día la abandonó, sin saber porqué, sin tener explicación alguna, lo que emocionalmente la dejó devastada y pasado los años no ha podido superarlo porque todos la señalan, costándole amoldarse a la sociedad siendo la víctima, ella no cambió de nombre y lleva quince años soportando el cuestionamiento público. Se infiere que el dolor de la protagonista no es por la intimidad sexual con un hombre con quien ella quería estar o por el secuestro y abuso sexual que llevó a la cárcel a su vecino, su sufrimiento es por sentirse abandonada por el hombre que ella creía amar y por quien todavía pareciera guardar ese sentimiento. Su mentalidad de aquella época, no la hace discernir entre el placer y la estima, entre lo correcto e incorrecto, entre lo moral e inmoral, entre el sexo y el amor, para ella todo va de la mano. En la pre adolescencia entenderlo y superarlo cuando socialmente quedó marcada, su intimidad expuesta y su autoestima destrozada; no es un camino fácil para recorrer y menos si no tiene las respuestas que le aclaren que la huida de Ray no tiene que ver con su físico, con su inexperiencia sexual o porque dejó de quererla luego de tres meses, sino por ser ilícito. Tampoco cuenta con las herramientas para salir de su propio yugo mental y el trauma que lleva a cuesta, hace que se relacione con otros sexualmente, sin interés por la conexión emocional que experimentó una sola vez. Una, inconscientemente buscó a Ray pidiendo explicación por lo sucedido, qué pasó ese día y en esa retrospectivo verbal, surgió la necesidad de volver al pasado en otro encuentro furtivo que nació viciado, y él la volvió a dejar.

Ray: No puedo estar contigo.
Una: ¿Soy demasiado mayor?

Conforme al final, la Una (adulta) sale en mute, caminando por la oscuridad de la noche, de modo que se podría interpretar que se liberó de ataduras y con todas las respuestas obtenidas, pero, después al salir el recuerdo de la desolada niña que esperaba aquella noche del abuso sexual, pareciera que no hay salida feliz para ella, manteniendo la dualidad del drama.

Ray (Ben Mendelsohn) fue amigo y vecino de los padres de Una, aquella pre adolescente que para él y según su doble moral, era “decidida, fuerte, muy sabia para su edad, impaciente y cansada de ser tratada como una niña”, lo que le incentivó a cometer un “error” (pederastia) y ser tan cruel que después del acto sexual (no mostrado en la película), dejó a Una en el cuarto de hotel de carretera, mientras él se tomaba un trago para respirar un poco después del acto lascivo que acababa de cometer. Condenado a cuatro años de prisión por involucrase sexualmente con una menor de edad, al salir de la cárcel, el victimario pudo rehacer su vida, se cambió el nombre, se casó y tiene un buen cargo con posibilidad de ascenso en la empresa ETHGON. Más de lo que hubiera alcanzado cualquier otro ex presidiario en esas circunstancias. Ray ahora “Peter Travelian”, pareciera que aprendió la lección y cometió el error una sola vez. Logró su reinserción a la sociedad dando señas de tener una educación media, aunque en la trama poco -o nada- se sabe de sus orígenes, instrucción, amigos o familiares, cuando se dejó llevar por la pasión ya era un hombre con conocimiento de causa, de lo que está bien o está mal, y para ello no se requiere cuatro títulos universitarios, sólo reunir ciertos valores humanos (y estar bien de la cabeza).

“Nunca fui uno de ellos.”

 


REFLEXIÓN


La ficción se debe seguir como un hecho de entretenimiento que muchas veces puede marcar la vida del espectador, para bien o para mal según el estado mental de quien vea el largometraje. Por suerte, en este caótico devenir existencial, no todos los adultos se dejaran llevar por sus bajos instintos o influir por las producciones cinematográficas que ven en pantalla ensalzadas por morbosos críticos, de lo contrario, el mundo sería peor de lo que ya es.

En las historias de cine hay muchos casos de romances entre jóvenes mayores de edad y adultos maduros (El graduado; Magia a la luz de la luna; Carol), y la narración termina envolviéndote de tal forma que crees que sí es posible una relación sana pese a las diferencias de edad, posición social, razas, culturas. Pero, también se ha mostrado en la gran pantalla relaciones amorosas cuestionables y pecaminosas, de menores de edad con adultos (Lolita; Manhattan; El amante; Belleza americana; Notas de escándalo; The Reader; Two Mothers), las más aceptadas llegan a ser un amor platónico o justificadas sin excesos (León, The professional; Birth) pocas historias de amor duradero, y la mayoría llevan la seducción y el erotismo hasta las últimas consecuencias morales.

El motivo de estas ficciones es mostrar la lujuria de los personajes y cosificar a la mujer. En la vida real el amor y el sexo para las féminas van emparentados y no por una cuestión romántica, ingenua y puritana, es la manera razonable y responsable para establecerse emocionalmente con otra persona (evitando enfermedades, previniendo embarazos) y de lo contrario se pasa la página, se busca otra persona o se queda sola porque tiene el poder de decisión. Un niño o adolescente, no cuenta con ese poder ya que apenas se está formando. Y es cierto que hay nenas mucho más adultas y atrevidas que los nenes, lo que no da pie a sucumbir ante un “error” que transformará negativamente para siempre a otro ser humano. Y es por esto que si una persona mayor de edad se relaciona íntimamente de modo forzado, bajo engaño o con un menor de edad, sea cuál sea su circunstancia o razón de ser, es abuso de poder, es acoso, es abuso sexual, es pederastia, es pedofilia. Injustificable un hecho que lleva a un adulto a concretar una acción sexual (así sea consensuada), cuando uno de los dos involucrados, está en desventaja por su edad, por su físico, por su falta de experiencia, por su baja autoestima, o su limitada capacidad de raciocinio. El mayor de edad debe parar cualquier reacción que le provoque el indefenso adolescente, de lo contrario debe asistir a terapia por su bien. La denuncia a tiempo de estos abusadores evitará próximas víctimas.

DATOS

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Song to Song (2017)

Song to Song (2017)
Guión y dirección: Terrence Malick (The Thin Red Line,The New World,The Tree of Life, Knight of Cups).

Elenco: Michael Fassbender (Cook), Natalie Portman (Rhonda), Rooney Mara (Faye), Ryan Gosling (BV), Bérénice Marlohe (Zoey), Holly Hunter (Miranda), Cate Blanchett (Amanda), Val Kilmer (Duane), Linda Emond (Judy), Red Hot Chili Peppers, Iggy Pop, Patti Smith.

 

¡Acción! [spoiler]

Austin, Texas. Es la historia de amor… La compositora Fave (Rooney Mara) está enredada con el compositor BV (Ryan Gosling) y el productor musical Cook (Michael Fassbender). Un trío que trabaja juntos, comparten y en la interacción de Fave con BW él la seduce desde la caricia, y Cook desde el elegante atrevimiento, esas sutilezas expresan la personalidad de ambos. Estos encuentros parecieran ocurrir en distintos tiempos y a la vez, en paralelo. BW desconocía que Fave había estado con Cook. Rompen. En ese intermedio, BW se enamora de Amanda (Cate Blanchett), Cook se casa con una camarera (Natalie Portman) y Fave experimenta con Zoey (Bérénice Marlohe). En otro giro del fragmentado relato, hay nuevas rupturas, alejamientos, finales definitivos y el amor por siempre.

El drama antecesor ‘Knight of Cups’ (2015), también filmado por Terrence Malick en el año 2012, estaba estructurado por capítulos (cartas del tarot) y donde se retrató el show business desde el punto de vista de un exitoso atormentado guionista y sus circunstancias, su vacío en un extenso caminar y caminar, su reflexión y sus vínculos afectivos (entre ellas, Blanchett y Portman). Voz en off y puntuales diálogos. Hasta que llegó un momento del drama que ya te da igual que significan los símbolos, metáforas y problemas existenciales, solo querías que terminara la película. Lo que divide al publico entre los fanáticos devotos, los intermedios y los adversarios acérrimos, y en cualquiera de los bandos se mantendrá presente la hermosa fotografía de Emmanuel Lubezki, en un experimento cinematográfico muy auténtico.

Contrario a la anterior, en ‘Song to song’ (2017) no hubo estructura lógica porque los protagonistas son músicos, y la libertad creativa de ellos es distinta a la de un guionista. Se mantuvo la voz en off y escasos diálogos. Esta vez Lubezki estuvo menos extraordinario. El cuento narrativo disperso con mayor torpeza por la brusquedad de los cambios de peinados, vestuario y escenarios, y en ese sentido sigue teniendo cierta coherencia musical como si estuviéramos viendo un extenso videoclip de ricos y famosos. Y con todo lo que pudiera parecer ir en contra, permitió mantenerme con estoicidad sin pestañear, tratando de entender semejante frustración erótica-fílmica de Malick.

El director es un idealista. Sus últimas películas son creadas para telépatas que deben adivinar y empezar a armar la historia prestando mucha atención a los inconexos vestuarios y la diversidad de fastuosos espacios representativo de los músicos hollywoodenses. Y en esa adivinanza para los más disciplinados que todavía no han visto este cancionero, les doy unas pistas: Si cree que es un musical, olvídese, descarte que verá a Gosling en concierto (al parecer canta tres veces), y Mara toca guitarra (la sostiene), o que verá un musical mostrando las destrezas de los intérpretes. Este collage de imágenes trata es del romance que va del amor infantil y juguetón, al coqueteo sexual, a la duda, ruptura, la búsqueda y el experimento, hasta regresar al verdadero amor. Es la desordenada banda sonora de la vida de esos músicos de la puerta para adentro, en un edulcorado ambiente de la farándula donde no se ve un abdominal de sus protagonistas, el espectador supone sus profesiones aunque poco trabajan; sin drogas (lo aplaudo) y poco alcohol (gente del espectáculo demasiado sanos para ser creíble, insisto, es un idealista).

Elencazo. Para quien vio ‘9 song‘ (o 9 orgasmos), recordará a dos actores desconocidos, improvisando, despojándose de sus ropas y copulando de forma explicita entre canción y canción de un concierto, aquello es incomparable con esta tibia rareza donde un incuestionable elenco parecían estar cachondos, pero en su pensar era como: no hagamos demás, o por el contrario, metámonos mano que quizás Malick nos edita, no, mejor no. En cualquier caso, en esa etapa de ruptura de los personajes expuestos de forma no lineal, en el intercambio de parejas quien más debió disfrutar ha de ser Mara, que pasó por las manos de un trío de guapísimos actores (Fassbender, Gosling, Marlohe), se les encaramó a todos, tocó, la agarraron y dio la impresión que le calentó la francesa; mientras, la más perjudicada del grupo quedando fallo en el coqueteo y edición, fue Blanchett en su relación fotográfica con semejante adonis (Gosling). Pensé, si esto es un todos contra todos, esperaré que la australiana pase por las manos de Fassbender, para infartarnos todos de ver interactuar tanto talento junto. Y si en un arrebatón, ¿es la historia jamás contada del origen entre Carol y Therese? Debía terminar de ver este largometraje de lo que pudo ser y no fue, ya que Amanda en nada se relacionó con Cook ni con Fave (y por las imágenes, tampoco coincidieron en el set). Sólo espero que después que terminaron la filmación, en vista de tanta belleza desaprovechada, y luego de tanto calentamiento, hayan disfrutado de una larga jornada con sus parejas verdaderas, que al final de eso se trata, del amor real.

Concluyendo. La propuesta no la disfruté sólo desde el estilo del director, por la simple trama para completar el puzzle, ni desde la música, ni desde la escasez de diálogos, ni desde la fotografía, ni por los cameos (Patti Smith, Red Hot Chili Peppers, Iggy Pop, Val Kilmer), lo que mantuvo mi atención las dos horas, era saber hasta dónde iban a ser capaces de llegar los actores y quienes serían los privilegiados talentos que entrarían en la recta final de la edición y montaje. Abismo.


ACTORES


Ubiquemos la filmación de esta película en el año 2012, cuando los actores hollywoodenses tenían cinco años menos de edad, en la trayectoria y en cirugías aún no realizadas cuando participaron en este drama romántico musical que en principio se titularía ‘Weightless’ y pasó a llamarse ‘Song to Song’, con una duración en total de ocho horas de filmación reducida a 129 minutos. Además, para aquella época, Ryan Gosling ya tenía de pareja a Eva Mendes; Rooney Mara dos años de noviazgo; Michael Fassbender todavía no era pareja de Alicia Vikander; Natalie Portman era madre primeriza; y Cate Blanchett por cumplir diecisiete años de matrimonio, tres hijos, y no se había ganado su segundo Óscar.

La idea de trabajar sin guion y con ciertas premisas para que los actores improvisen, es estupenda, un ejercicio para valientes y muy difícil de lograr fastuosos momentos todo el tiempo. La improvisación es un arte, que requiere de unos cuantos cursitos de actuación, además de creatividad, y ejercitación para ir perfeccionando la acción y la reacción, hasta lograr mayor espontaneidad (nada fácil ni para los mas experimentados). El desafío para todo el elenco era grandioso e irrepetible, menos riesgoso que otros intérpretes en la manos de directores más extremistas que llevan a personajes tóxicos hasta sus últimas consecuencias, y personalidades más frágiles deberían entender sus limitaciones para no forzarse a ir a lugares oscuros que luego no podrán salir (drogas, alcohol, orgías, prostitución vip, etc), sólo por intentar complacer al jefe, crecer y demostrar que van superando obstáculos en la actuación, entran a lúgubres terrenos desajustando su propia vida.

Según el lente de Malick, su experimento se percibió respetuoso y elegante, hurgó tímidamente en las emociones desnudando a los actores desde el interior, hasta tal punto, que la participación de cada uno hablaba más de ellos que de sus personajes. Se veían tan vulnerables, perdidos, sin saber que rumbo agarrar, que me enganché de la experiencia de verlos improvisar sin que algunos tuvieran las herramientas escénicas para sentirse libres realmente. En muchos momentos se veían incómodos, tratando de ir más allá pero les costaba ceder al juego del otro para no arder en llamas y después tener que dar explicaciones. Y con la trayectoria de la mayoría de ellos, Fassbender estaba enjaulado. Gosling reprimido. Blanchett intimidada, siendo quien menos tocó y tocaron (imperdonable la edición). Mara, quien llevó el peso de la trama, con distintos ‘looks’, intentó y por instantes no llegó a ninguna parte porque el canadiense es impenetrable (debió tener entre ceja y ceja a Mendes). Y si la neoyorquina dejaba seguir al intimidante germano-irlandés Fassbender, quien ya había interpretado a Brandon en ‘Shame’, la historia habría sido otra. El personaje de Rhonda (Portman) rompió con el resto al ser la única de clase baja en medio de la pomposidad y el lujo, con una estructura lineal comprensible (inicio, “desarrollo”, trágico final) apoyada por la madre (Holly Hunter).

Para el público en general le resultará esta práctica soñolienta, agotadora y dos horas locas sin entender un carajo, pero para los actores involucrados, viendo todo en retrospectiva, debió ser un examen, un descubrimiento desde sus propias limitaciones, una clase que algunos de ellos nunca recibieron, y esta película les dio el chance de ejercitarse para la gran pantalla, y como ha pasado bastante tiempo de aquello, debió valer la pena para su crecimiento donde ya Ryan Gosling es padre de dos hijas con Eva Mendes; Rooney Mara luego de seis años se separó y tiene una nueva relación; Michael Fassbender es novio de la actriz Alicia Vikander; Natalie Portman está casada y con dos hijos; y Cate Blanchett sumó su cuarta hija y su segundo Óscar.


PERSONAJES


Al libre albedrío.

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A Ghost Story (2017)

A Ghost Story (2017)
Un susto interior hermoso y triste

Guión y dirección: David Lowery (Ain’t Them Bodies Saints, Pete’s Dragon).

Elenco: Rooney Mara, Rob Zabrecky, Will Oldham, Liz Franke, Sonia Acevedo, Casey Affleck.

 

Si usted ha visto las propuesta de Terrence Malick y se ha dejado cautivar, también le gustará este ritmo lento, pasivo, un derroche de buen gusto en la fotografía, y un agnóstico director que hizo lo que le vino en gana con la cámara, puso todo de sí, como si se tratara de la última película que haría en esta vida. Y su manera de involucramos, es redondear las cuatro esquinas para hacernos participes cual futuras almas, ver a otras transcurrir en tiempo y espacio.

 

¡Acción! [spoiler]

“A cualquier hora que una se despertara,
una puerta se estaba cerrando”.
Virginia Woolf
(La casa encantada)

Una joven pareja, M (Rooney Mara) y el músico C (Casey Affleck), viven en una casa rural. M, acostumbrada desde niña a cambiar de domicilio y dejar notas incrustadas en la pared, siente temor por los constantes ruidos en el sitio y le insiste a C para mudarse, él se rehúsa porque tiene una conexión especial con el lugar. Al día siguiente C muere en un accidente automovilístico; en unos minutos contemplativos del cuerpo en la morgue, se levantó el alma vestido con la sábana blanca que lo cubría, llegando al hogar que compartió con M. Allí estaba ella, la desolada viuda, comiendo, entrando y saliendo, soportando el luto, reponiéndose. Gasper observando en silencio. M se va y el fantasma quedó solo mirando su partida desde la ventaja. Entre recuerdos y nuevos inquilinos, le cuesta sacar el papel que M incrustó en la pared. Sigue pasando el tiempo, desmantelan la casa, su refugio, su espacio donde ha visto entrar, salir y compartir tanta gente. Quedó solo en las ruinas, y de los escombros de la ruralidad, pasó a la modernidad en pasillos mas largos, un laberinto como su existencia…


Ghost y la muerte


En nuestro paso por la tierra, los primeros fantasmas que hemos vistos están en los dibujos animados, el más famoso de ellos es Gasparín y luego conocimos el logo de Cazafantasmas, ambos bastante amigables provocando casi un efecto necrofílico en el espectador, distinto a otras apariciones del cine y la televisión, que suelen hacerse notar usando telas blancas y arrastrando cadenas para dar pánico. Ninguno de los dos casos anteriores es la figura irreal protagonista de esta historia, éste no se traslada volando ni lleva objetos guindando, se asemeja por cubrirse con una sábana blanca con dos huecos en los ojos, en esa yuxtaposición de gracia y desgracia, de simpatía y terror, de ternura y melancolía, todo sin decir una palabra, creando ingeniosos efectos con el dobles de la tela que lo cubre.’A Ghost Story’ es una grata sorpresa poco convencional, tratar la muerte desde el punto de vista de quien se va y queda penando, en una narración lineal que seguidamente se convierte en confusos elipsis, distinto en la progresión que se mantuvo en la historia de amor de la comedia romántica ‘Ghost’ (1990) protagonizado por un trío carismático. Sam Wheat (Patrick Swayze) a diferencia del fantasma C, participó de la acción para que se entendiera su deseo de despedirse de su amada, parecido pasó con la afligida adolescente Sussie Salmon en ‘Desde mi cielo‘ (2009), quien contempló en silencio a su familia, a la par narró su historia y mantuvo comunicación con otros personajes que estuvieron igual que ella en el limbo, y sólo se fue en paz cuando se resolvió su asesinato.

Al fantasma creado por Lowery se le negó la acción, el habla y el permiso a entrar en contacto con los vivos. Era la muerte después de la muerte, atando sus recuerdos en una larga espera donde sus cadenas no se vieron pero se sintieron en todo el trayecto, produciendo compasión y ternura al no poderse comunicar con los humanos de otra manera distinta que no sea rompiendo cosas o prendiendo y apagando la luz, síntomas de su pérdida. La conexión profunda del alma en pena que interviene para llamar la atención de los vivos sin el ánimo de asustar o causar daño, sino como reacción espontánea de su cautiverio, de no poderse ir, de no saber cómo.

Según esta visión, existir después de la muerte, es como estar muerto dos, tres o tantas veces que se vuelve interminable el peregrinar de esa alma desencarnada. Y en el devenir del debate religioso, científico, filosófico, místico, espiritual, algunos creerán en esa postura funesta o preferirán pensar que el alma no existe, o que al morir el cuerpo el ánima desaparece y se esfuma; otros, optarán por esperar sin saltar etapas en deducciones imposibles de comprobar en vida, y tampoco tener certeza que se encontrará la respuesta en el más allá. En todo caso, en esta reflexión existencialista sobre la vida y la muerte, el objetivo para cada espacio es seguir, mas, será mientras respiras que tienes la potestad de tomar la riendas, dejar los apegos y avanzar, así lo hizo M. Del otro lado, como el vulnerable fantasma C, se debe trascender, y ese paso puede ser eterno y solitario.

“Al inclinarse, su luz levanta mis párpados. «¡A salvo! ¡A salvo! ¡A salvo!», late enloquecido el pulso de la casa.
Me despierto y grito: «¿Es esto vuestro tesoro enterrado? La luz en el corazón.»”
Virginia Woolf
(La casa encantada)

 


El pastel


En la etapa inicial del duelo, la viuda consume un pastel en tiempo real (cinco minutos), esta larga escena podría causarle resquemor a los impacientes que hasta ese momento no han comprendido el estilo del director para esta propuesta. Cuando M come el pastel sin parar, comienza con pequeños bocados, lento y el ritmo se acelera, hasta salir corriendo a vomitar. Ese momento depresivo para los más incrédulos que no se dejan impresionar, es una escena que pudo ser mucho más brutal si además de comer se hubiera sentido el dolor por la pérdida. Conocida la anécdota, se evidencia que la vegana Mara se atrevió a comer un pastel, con la verdadera intención de provocar el vómito, y se devoró todo el dulce sin que provocara el real efecto de la náusea, por lo que debió fingir porque en algún momento debía finalizar la secuencia.


La canción.


‘I Get Overwhelmed’
¿Está despierta? ¿Ella se murió por la noche? ¿Y te dejó solo? Solo…
Espejo, espejo
Ahí está tu nariz torcida
¿Encontraría a alguien más?

Cuando la pareja habitó la casa, había un viejo piano, a M el instrumento parece estorbarle, a su pareja no le disgusta, porque el es compositor, de hecho creo un tema musical que le dio a escuchar a M luego de un pequeño impase que tuvieron relacionado con quedarse o irse de ese lugar. Ya fallecido C y en la etapa final del duelo, ella oye la canción con el rostro menos expresivo que el fantasma C (que cuenta con unos dobleces en la tela que brinda una caracterización impresionante). La canción es el legado dejado por él, el recuerdo más reciente que queda en ella, escuchado bajo motivaciones y estados de ánimos distintos, juzgue usted la secuencia.


ACTORES (año 2016 cuando se inició la filmación)


En cuanto a los actores, bellos y correctos, su aporte es mínimo porque el largometraje era para el lucimiento técnico. Claro, la pareja Mara-Aflleck suelen ser muy controlados (con sus personajes y en las entrevistas que dan, al menos que Affleck se alcoholice y se vuelva “juguetón”), y si bien en la anterior película de David Lowery personificaron una pareja de pillos, al ser interpretado por ellos (Mara – Affleck), quienes además hablan como si bostezaran las palabras (sobre todo Affleck), la acción se vuelve pasiva.

Pareciera un recurso fácil usar el autocontrol de los protagonista en este tipo de historias. El reto para el director habría sido buscar dos actores más carismáticos y ver como trabajaban la contención de los personajes, y de esa manera se hubiera notado un equilibrio entre la dirección, fotografía y el esfuerzo actoral de los protagonistas.


The end


Para finalizar, el director además de hablar con la imagen, usó un personaje a mitad del camino que en principio y considerando que la primera vez que vi esta película fantasmal fue a través de un celular y sin subtitulo, se sintió una ruptura extraña fuera de lugar. Repasando nuevamente el drama, el personaje del pronosticador (Will Oldham) expuso la intención de Lowery (guionista y director), reforzando su idea para hacernos meditar en esa mirada minimalista que atrapa a los sensibles con el justificado vestuario del fantasma, la música, la temática, toda la conceptualización sobre el dolor, la pérdida, el paso del tiempo, de la memoria, del olvido, de lo dejado, de lo vivido. Un tránsito cíclico donde se comienza de cero no importa lo que se haya tenido o alcanzado, principio y final por comenzar. Una dinámica distinta y explicativa del porqué de una casa encantada de la cual más adelante conoceremos su origen trágico, entre tanto, sus pausas, silencios y calma aparente, invaden de añoranza y desolación no sólo a quien se queda, sino por quien se va quedando estancado en el tiempo entre dudas generadas y misterios que no se develaran jamás, como la vida misma tratando de encontrarle explicación a la muerte y ésta como vehículo para comprender la vida.

 

Ver también

Vista: 08.10.17

 

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I Festival de Cine Argentino

Desde el 7 hasta el jueves 20 de julio

 


  1. Un novio para mi mujer (2008), de Juan Taratuto.
  2. Dos más dos (2012), de Diego Kaplan.
  3. La reconstrucción (2013), de Juan Taratuto.
  4. Séptimo (2013), de Patxi Amezcua.
  5. Las insoladas (2014), de Gustavo Taretto.
  6. Papeles al viento (2015), de Juan Taratuto. **
  7. Sin hijos (2015), de Ariel Winograd. ***
  8. El Papa Francisco (Francisco, el padre Jorge – 2015), de Beda Docampo Feijóo.
  9. El ciudadano ilustre (2016), de Mariano Cohn, co-director junto a Gastón Duprat. ***½
  10. Kóblic (2016), de Sebastián Borensztein.
  11. Maracaibo (coproducción argentino-venezolana – 2017), de Miguel Ángel Rocca.

 

SALA DE CINE:


  • Cines Paseo del Trasnocho Cultural.

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