Una (2016) [CENSURA D/R]

Una (2016)

Un placer culposo

Director: Benedict Andrews.

Guión: David Harrower (basada en la obra de teatro “Blackbird”).

Elenco: Rooney Mara (‘Una’) Ruby Stokes (‘Una’ joven), Ben Mendelsohn (Ray), Riz Ahmed (Scott), otros.

Drama que se exhibió en el 2016 y hasta este año es que se ha proyectado en algunas latitudes. Una temática irritante, imperdible y actual que funciona para el debate, y bien pudo llamarse “Ubre“. Marcó el debut cinematográfico del australiano Benedict Andrews dirigiendo el guión del dramaturgo escoses David Harrower adaptando su propia obra teatral ‘Blackbird’ (2005), inspirada en un hecho real.

¡Acción! [spoiler]

Este drama psicológico es la historia de ‘Una’ (Rooney Mara) quien quince años después del encuentro sexual con su vecino de aquel entonces, buscó un recorte de periódico con la foto de él, y sin pensarlo fue a enfrentarlo en su lugar de trabajo.

 


“Ray… ¿Adónde fuiste?

¿Por qué me dejaste?”


El reencuentro provocó asombro -contenido- de Ray (Ben Mendelsohn), quien ahora es llamado “Peter Travelian” y conserva el mismo look de aquella época que flirteaba con la menor de edad, ‘Una’. La mujer lo encaró esperando respuestas, en un día de trabajo difícil donde Peter debía dar una lista con seis nombres de los empleados para ser despedidos, y todavía aturdido por la charla con la niña de su pasado, salió huyendo del sitio para esconderse de sus compañeros de trabajo (una secuencia poco convincente). Tanto Scott (Riz Ahmed) empleado y amigo de Peter como el jefe de ambos, comienzan a buscarlo, mientras, ‘Una’ y Ray en medio de la discusión, reproches, dudas y respuestas, se mueven varias veces dentro de la fábrica. Scott preocupado por su empleo, insiste tratando de ubicar dónde está su jefe, al encontrarlo le reclamó si él será uno de los despedidos, lo cual Peter negó y aprovechó para pedirle que saque a la chica del lugar. El muchacho seducido por la audaz mujer, intiman y ella aprovechó para que la lleve a la fiesta en casa de Ray. Ya en el sitio… ¿habrá redención?

 


“No sé nada de ti, excepto que abusaste de mí.”


Trasladar cualquier texto doloroso y hacerlo cinematográfico es un reto logrado por muchos, una de ellas es Emma Donoghue adaptando su propia novela ‘Room‘ (2016) abordando el secuestro, el abuso sexual y las consecuencias del trauma vivido por la protagonista. En este caso, el desafío del dramaturgo David Harrower consistió en adecuar al cine su intimista y polémica (visión masculina) pieza teatral, una obra que sin todavía leer, imaginas el careo de los dos personajes, invirtiendo los roles de “víctima y victimario” charlando y discutiendo en el reducido espacio de la puesta en escena, preguntándose y reprochándose, transpirando miedo y resentimiento, manteniendo la expectativa y el suspenso. Y concluyes en lo poderosa que ha de ser ‘Blackbird’ como obra de teatro y lo complicado de llevar a la pantalla grande esa tensión (emocional y sexual) y distensión. Si le sumamos que hablar del despertar sexual femenino desde temprana edad es tan real como el tabú existente (no así el excitar sexual de los chicos), y tratar escuetamente la curiosidad de una inocente en ese despertar sexual confundido con enamoramiento, posible, genera otra serie de hipócritas controversias. Mas, la negación de un enfermo convenciéndose a sí mismo que no es un pedófilo, mientras la abusada está consciente que a esa edad no podía ofrecer otra cosa que su cuerpo, es impactante y revelador. Tan incómodo como reflexivo señalar la óptica de la repercusión del abuso sexual para cada uno de ellos, y llevar a los dos involucrados a verse la cara luego de años transcurridos, siendo el reencuentro aún más intrigante en el contexto amplio y desolador de una fábrica en sus claustrofóbicos y recónditos espacios. Y con todo lo expresado, ni el despertar sexual, ni la negación, ni el enamoramiento incluso de ambos, justifica ceder ante un acoso de ella o de él, y mucho menos tener sexo con una menor de edad.

 


“Me avergüenzo de esa estúpida niña y su estúpido enamoramiento.”


Gran idea que quedó a medias. Para él (Ray) se trató de un acto consensuado, para ella (‘Una’) era su historia de amor, para la ley y la sociedad es delito. Y en esa dinámica, el director se movió por distintos espacios (compañía: comedor, oficina, pasillos, galpón, baño) y usó el recurso de los flashbacks para exponer de forma moderada a la joven cuando se relacionó con Ray, sin llegar a la chocante evidencia de lo sucedido, y cuidando a la novata actriz. El peso actoral del personaje recayó sobre Rooney Mara siendo, por ahora, una de las pocas veces que ha encabezado los créditos de una película, lo que implicó un absoluto compromiso por demostrar su superación como actriz. Hizo en falta mayor notoriedad en la caracterización de Ray en los cambios temporales (pasan quince años y el señor sigue igualito), y cuando están juntos, mediante pasa el tiempo de reproches y explicaciones, los dos necesitaban verse desmejorados en el vestuario, despeinados, sudorosos, algo más, por lo que la transfiguración requerida para los personajes estuvo tibia. El poder de la pieza está en el texto, charlas crudas y necesarias en esa oscuridad dramática. Aparte, los secundarios por instantes entorpecieron la tensión del duelo entre los protagonistas (esa debió ser la intención) sin causar emoción la subtrama, y resultó muy escueta la postura ante la responsabilidad de los padres quienes siempre, llevan el peso de la educación y protección de sus hijos. Positivo, como no hay postura aleccionadora ni moralizante y cada quien saca sus propias conclusiones en un final abierto e impreciso, hay un elemento sorpresa (tan ambiguo que puede pasar desapercibido) que reafirmará la convicción del espectador que desde el inicio no se dejó persuadir (o los involucrados no tuvieron éxito para convencer) del amor entre una menor de edad y un adulto, así sea un hecho que ocurra con mayor frecuencia de lo que se expone en los medios y en la justicia, éste drama o cualquiera mejor hecho, no hará ponerse en los zapatos de un sádico aunque haya casos de ficción que conmuevan (Little Children), y así varíe la permisividad romántica que cada uno pueda tener de las relaciones, jamás hay que claudicar en los principios.


ACTORES (edad que corresponde al año 2015 cuando se filmó la película)


Rooney Mara (30 años). De las películas vistas de la actriz, con quienes protagoniza son actores entre diez a veinte años mayores que ella, pero esta sería la cuarta vez que que se juega con las diferencias de edades entre los personajes y adicionalmente, es abandonada (Tanner Hall, The Girl with the Dragon Tattoo, Carol, ‘Una’). Mara tiene la ventaja física que le servirá a favor por mucho tiempo, y va ambicionando otras premisas para seguir avanzando en sus ganas de crecer como actriz. Los desnudos y escenas sexuales ya los ha hecho, de distintas formas con hombres y mujeres, y se va perfeccionando. Mención aparte la exposición de ‘ubres’ como si las estuviera estrenando (en una escena casi cacheteando el rostro del tímido Ahmed), además de complacer a sus fanáticos, aclarará la duda de un periodista que en el pasado le preguntó si conservaba algunos de los piercings usados en el ‘The Girl with the Dragon Tattoo’. Esta vez no protagonizó junto a Casey Affleck (a él, quizás, el personaje de acosador le habría salido más exacto), y para esta propuesta, la actriz se complicó incluyendo otro acento y logró darle un toque distinto, y del elenco, por razones obvias pasó por varios estados emocionales, acentuando en escenas su minimalismo facial y en otras desarrollando cierta expresividad.

Ruby Stokes (?). La joven talento es bastante nueva y satisface su participación como la pre adolescente Una (13 años), el director la mostró en los recuerdos, flashbacks que sirvieron para reforzar lo sucedido evadiendo el morbo, salvándola de escenas engorrosas que no era necesario exponer, el público supone lo que pasó.

Ben Mendelsohn (46 años). Del actor que tiene una extensa carrera, conozco poco sus otras interpretaciones, distinto a Mara que la he visto en todas sus películas. Del elenco es quien participó en dos etapas del personaje, y en escenarios distintos (pasado, compañía y fiesta); correcto, acertando muy bien en las difíciles escenas del recuerdo, y pudo aprovechar más su personaje en el presente. Ya que Ray cambió su identidad por “Peter”, le faltó hacer el cambio físico (barba, bigotes, lentes, largo del cabello), y si logró un buen puesto en el trabajo su vestuario debió ser otro (usar corbata) para distinguirse del resto, ese detalle le habría permitido al actor jugar en la transformación del personaje mediante confrontaba a su compañera, por ejemplo: desamarrando la corbata, ese recurso insignificante en la práctica aportaba nuevas reacciones. Se sintió por instantes limitado, y pudo ser magistral tratar de hacer creer su impostada inocencia (el personaje era un oscuro lujo).

 


PERSONAJES


“Lo único que no perdí fue mi nombre. Tuve que quedarme con mi nombre.”
‘Una’ (Rooney Mara) es solitaria vive con su madre y duerme en su cuarto de siempre. En la pre adolescencia experimentó la fantasía amorosa con el vecino y amigo de su padre, más de 20 años mayor que ella. Su padre no pudo soportar lo sucedido, y poco tiempo después murió. Tiene un trabajo sin importancia, no tiene pareja fija, es promiscua, relaciones clandestinas y fugases, tal vez prefiera hombres mayores (su conducta la lleva a cualquier lado, sin rumbo). La chica a falta de contención familiar y psicológica, se mantiene anclada en el pasado, por aquella experiencia amorosa que duró tres meses y le hizo huir con Ray para consumar su fallido primer amor, cuando tenía trece años de edad (Ruby Stokes). Siente placer culposo por relacionarse con el “adulto” que luego la abandonó, sin saber porqué, sin tener explicación alguna, lo que emocionalmente la dejó devastada y pasado los años no ha podido superarlo porque todos la señalan, costándole amoldarse a la sociedad siendo la víctima, ella no cambió de nombre y lleva quince años soportando el cuestionamiento público. Se infiere que el dolor de la protagonista no es por la intimidad sexual con un hombre con quien ella quería estar o por el secuestro y abuso sexual que llevó a la cárcel a su vecino, su sufrimiento es por sentirse abandonada por el hombre que creyó amar y por quien todavía pareciera guardar ese sentimiento. Su mentalidad de aquella época, no la hace discernir entre el placer y la estima, entre lo correcto e incorrecto, entre lo moral e inmoral, entre el sexo y el amor, para ella todo va de la mano. En la pre adolescencia entenderlo y superarlo se vuelve cuesta arriba porque socialmente quedó marcada, su intimidad expuesta y su autoestima destrozada; y tal vez sane sus heridas si encuentra respuestas a sus dudas, que le aclare que la huida de Ray, no tiene que ver con su físico, con su inexperiencia sexual o porque él dejó de quererla, sino por ser una relación ilícita. Tampoco cuenta con las herramientas para salir de su propio yugo mental y el trauma que lleva a cuesta, hace que se relacione con otros sexualmente, sin interés por la conexión emocional que experimentó una sola vez. Inconscientemente buscó a Ray pidiendo explicación por lo sucedido, qué pasó ese día y en esa retrospectivo verbal, surgió la necesidad de volver al pasado en otro encuentro furtivo que nació viciado, y él la volvió a dejar.

 


 Ray: No puedo estar contigo.

Una: ¿Soy demasiado mayor?


 

Conforme al final, la ‘Una’ (adulta) sale en mute, caminando por la oscuridad de la noche, de modo que se podría interpretar que se liberó de ataduras y obtuvo todas las respuestas; pero, la siguiente imagen muestra a la desolada niña que esperaba aquella noche del abuso sexual, entonces, ¿no hubo salida feliz para ella?, manteniendo la dualidad del drama. Habría sido preferible ver la imagen de la niña cuando estaba sentada en el banco, a manera de ubicar un mejor recuerdo -antes de la huida con el adulto-, y reflejar que ‘Una’ (adulta) se reconcilió consigo misma.

“Nunca fui uno de ellos.”


 

Ray (Ben Mendelsohn) fue amigo y vecino de los padres de ‘Una’, aquella pre adolescente que para él y según su doble moral, era “decidida, fuerte, muy sabia para su edad, impaciente y cansada de ser tratada como una niña”, lo que le incentivó a cometer un “error” (pedofilia) y ser tan cruel que después del acto sexual (no mostrado en la película), la dejó en el cuarto de hotel de carretera, mientras él se tomaba un trago para respirar. Condenado a cuatro años de prisión por involucrase sexualmente con una menor de edad, al salir de la cárcel, el victimario pudo rehacer su vida, se cambió el nombre, se casó y tiene un buen cargo con posibilidad de ascenso en la empresa ETHGON. Más de lo que hubiera alcanzado cualquier otro ex presidiario en esas circunstancias. Ray, ahora “Peter Travelian”, pareciera que aprendió la lección y cometió el error una sola vez. Logró su reinserción a la sociedad dando señas de tener una educación media, aunque en la trama poco -o nada- se sabe de sus orígenes, instrucción, amigos o familiares, cuando se dejó llevar por la pasión ya era un hombre con conocimiento de causa, de lo que está bien o está mal, y para ello no se requiere cuatro títulos universitarios, sólo reunir ciertos valores humanos (y estar bien de la cabeza).

 


 

REFLEXIÓN

La ficción se debe seguir como un hecho de entretenimiento que muchas veces puede marcar la vida del espectador, para bien o para mal según el estado mental de quien vea el largometraje. Por suerte, en este caótico devenir existencial, no todos los adultos se dejaran llevar por sus bajos instintos o influir por las producciones cinematográficas que ven en pantalla ensalzadas por morbosos críticos, de lo contrario, el mundo sería peor de lo que ya es. En las historias de cine hay muchos casos de romances entre jóvenes mayores de edad y adultos maduros (El graduado; Magia a la luz de la luna; Carol), y la narración termina envolviéndote de tal forma que crees que sí es posible una relación sana pese a las diferencias de edad, posición social, razas, culturas. Pero, también se ha mostrado en la gran pantalla relaciones amorosas cuestionables y pecaminosas, de menores de edad con adultos (Lolita; Manhattan; El amante; Belleza americana; Notas de escándalo; The Reader), las más aceptadas llegan a ser un amor platónico o justificadas sin excesos (León, The professional; Birth) pocas historias de amor duradero, y la mayoría llevan la seducción y el erotismo hasta las últimas consecuencias morales. El motivo de estas ficciones es mostrar la lujuria de los personajes y cosificar a la mujer como víctima o victimaria, y ‘Una’ no escapa de ello en una nueva visión masculina. Distinto a lo visto en la telenovela venezolana ‘Leonela‘ (1983), escrita por Delia Fiallo, que cuenta la historia de amor entre un violador y su victima (mayor de edad y profesional) que quedó embarazada y da al niño en adopción, y tras pasar todos los obstáculos dramáticos y hacer que el espectador se compadezca del violador, la pareja consigue casarse y concretar el romance (visión femenina). En la vida real el amor y el sexo para las féminas van emparentados y no por una cuestión romántica, ingenua y puritana, es la manera razonable y responsable para establecerse emocionalmente con otra persona (evitando enfermedades, previniendo embarazos) y de lo contrario se pasa la página, se busca otra persona o se queda sola porque tiene el poder de decisión. Un niño o adolescente, no cuenta con ese poder de decisión ya que apenas se está formando. Y es cierto que hay nenas mucho más adultas y atrevidas que los nenes, lo que no da pie a sucumbir ante un “error” que transformará negativamente para siempre a otro ser humano. Y es por esto que si una persona mayor de edad se relaciona íntimamente de modo forzado, bajo engaño con un adulto o menor de edad, sea cuál sea su circunstancia o razón de ser, es abuso de poder, es acoso, es abuso sexual, es pedofilia, es pederastia. El amor entre diferentes existe, lo que no justifica que un adulto concrete una acción sexual (así sea consensuada), cuando uno de los dos involucrados, está en desventaja por su edad, por su físico, por su falta de experiencia, por su baja autoestima, o su limitada capacidad de raciocinio. El mayor de edad debe parar cualquier reacción que le provoque el indefenso adolescente, de lo contrario, debe asistir a terapia. La denuncia a tiempo de estos abusadores evitará próximas víctimas.
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